Palacio Pereda a imagen y semejanza del Museo Jacquemart-André de París.

El Palacio Pereda es una tradicional mansión construida a principios del siglo XX para la familia del médico y hacendado Celedonio Tomás Pereda. Emplazado en la Plaza Carlos Pellegrini, en el comienzo de la Avenida Alvear, refleja la marcada influencia de la arquitectura francesa en la ciudad de Buenos Aires. Actualmente es la residencia del embajador de Brasil en Argentina.

El médico Celedonio Tomás Pereda (1860 -1945) y su esposa María Justina Girado (1865-1942), eran de los mayores propietarios rurales de Argentina, con la fortuna que eso generaba. Las familias importantes de la época le encargaban a reconocidos arquitectos la construcción de enormes mansiones inspiradas en la arquitectura francesa, y los Pereda no fueron la excepción. A fines de 1917, adquirieron un amplio terreno en una ubicación privilegiada frente a la plaza Carlos Pellegrini, para levantar allí su nueva residencia. 

Le encomendaron el proyecto al arquitecto francés Louis Martin. Quien se había formado en la prestigiosa École des Beaux-Arts de París y ya había diseñado varias residencias particulares en Buenos Aires.

Pereda le solicitó al arquitecto que hiciese un “pastiche”: recrear total o parcialmente una obra anterior, que en este caso fue del Museo Jacquemart-André de París. Este era un palacio edificado en el entonces recién inaugurado Boulevard Haussmann, entre 1869 y 1875, para el banquero y coleccionista Edouard André y su esposa, la pintora Nelié Jacquemart. Pereda conocía bien y apreciaba mucho el modelo de referencia, no solamente en su arquitectura exterior, sino también en sus interiores que encerraban una gran colección de muebles, objetos, pinturas y esculturas reunidos por los dueños; y deseaba que se asemejen lo más posible.

La construcción empezó en 1919, pero al poco tiempo después surgieron desentendimientos entre el propietario y el arquitecto, justamente porque los deseos de replicar el modelo parisino, sobre todo la compleja escalera principal, no eran del todo posible por las limitaciones de espacio. Fue así que Pereda decidió contratar, en 1920, al famoso arquitecto belga Julio Dormal (1846-1924) para solucionar este desentendimiento y asumir la dirección de la obra ya iniciada. Julio era famoso por ser el socio fundador de la Soc. Central de Arquitectos en la Argentina, y por participar en obras significativas como el Teatro Colón, el Palacio del Congreso y la Casa de Gobierno en la Provincia de Buenos Aires.

Sin embargo muere en 1924, antes de haberse terminado la construcción, dejando a uno de sus destacados alumnos a cargo. La obra fue concluida recién en el año 1936.

El parecido con el museo Jacquemart-André en la fachada delantera se logró totalmente; y conforma un buen ejemplo de la reutilización del lenguaje clásico de la arquitectura francesa. Ambos edificios tienen el mismo basamento con entradas en los extremos sobre la línea municipal, y luego se retiran, dando lugar a una amplia terraza privada. El primer y segundo piso forman una unidad, debido al tratamiento de la fachada con esbeltas pilastras que sostienen un elaborado entablamento con balaustrada. Por encima de ella, aparece el último nivel constituido por la mansarda con sus aventanamientos característicos. Coincidiendo con el centro de simetría, surge desde el primer piso un cuerpo semicircular, coronado por una cúpula, que rompe con el plano recto y continuo de la fachada. Es exactamente el mismo concepto que el modelo francés, solo que en una escala algo menor por las adaptaciones al terreno, lo cual forzó un cierto estrechamiento.

Por supuesto, la gran diferencia entre ambas construcciones es el material, entendiendo que uno es un palacio francés del Segundo Imperio y el otro una residencia argentina estrenada en 1936. El original es de piedra, mientras que el porteño exhibe ese material sólo en el basamento, siendo el resto en cemento símil piedra.

La fachada posterior, orientada hacia el jardín, es realmente espectacular. El diseño fue aquí estupendamente reforzado por una magnífica escalera de dos alas y de amplia curvatura, inspirada en la famosa escalera de la Courdu Cheval Blanc del Castillo de Fontainebleau. Presenta un juego de entrantes y salientes que la hace más dinámica, lo cual da la sensación de que la casa este hecha de espaldas de la calle.

La decoración interior estuvo a cargo de la Casa Jensen y, como no podía dejar de ser, los diseños de la mayoría de los salones imitan también los interiores del Museo Jacquemart-André.

Al ingresar al palacio uno se encuentra con un vestíbulo que lleva al hall de entrada, donde las paredes, los pisos y las columnas están hechos de mármol. Detrás se encuentra el jardín, limpio y sencillo con un sendero de piedras y una pileta de otros tiempos.

Para acceder a los pisos superiores se utiliza la escalera principal, que a pesar de la negativa de Pereda, terminó con forma de caracol por la disponibilidad del espacio. Debajo de ella hay una pila bautismal que recuerda que los bautismos de la familia Pereda se hacían allí mismo a principios del siglo XX. Aunque no hay registro de ello, se cree que los seis hijos de don Celedonio y María Justina nacieron en una sala del primer piso que hoy funciona como capilla y que había sido creada originalmente como sala de juego.

En el primer nivel, un eje de simetría ordena arquitectónicamente los salones, que a su vez permite que tengan una comunicación visual entre la terraza de la calle y el jardín. Allí se encuentran: el salón dorado, el gran hall y el comedor, la biblioteca, y la sala de música. El complemento indispensable de esta recreación local de una famosa residencia parisina son las pinturas murales que ostentan los cielorrasos de todas las salas, realizadas por el pintor español José María Sert.

En el salón dorado, se luce la obra de Sert “Diana Cazadora”; en la sala de música la titulada “Aprés la pluie le beau temps”. En el comedor, “El aseo de Don Quijote” representa el burlón episodio en el que el Quijote es afeitado por las damas. El gran hall presenta un diseño de equilibristas suspendidos en el aire; y en la sala de música se lucen unos violines en lo más alto de las paredes, y en el techo, la obra “El agujero celeste”. Esas pinturas, valiosas obras en sí mismas, son en opinión de algunos críticos, uno de los mejores y más armónicos conjuntos de telas realizados por Sert para residencias particulares.

En los pisos superiores se encuentran las habitaciones privadas, que hoy son la residencia del embajador.

La propiedad pasó a manos del gobierno de Brasil en 1945; cuando tras la muerte de Celedonio Tomás Pereda, sus herederos se la venden a cambio de 4.000 toneladas de hierro en barra, que por la guerra eran escasos y valían mucho, más la propiedad que hasta ese momento ocupaba su embajada en la calle Callao al 1500.

El gobierno brasilero se ha ocupado de cuidar esta obra de arte de la arquitectura del siglo XX, su vajilla y mobiliario. Realizaron dos grandes restauraciones, en el año 1989 y en 2015, que incluyeron las cúpulas, las terrazas y azoteas, recomponiendo sus condiciones originales y previendo futuras restauraciones del interior.
Txt: Lola S.


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