Navidad: que celebramos realmente?

Navidad celebra el recuerdo del Nacimiento de Jesús en Belén y es la fiesta más importante del cristianismo.

Es la fiesta religiosa cristiana más importante del año alcanzando niveles insospechados de popularidad, tanto en lo familiar, como en lo cultural, lo social y hasta políticamente es la más importante en folclóre y simbología. Ni siquiera la Resurrección de Jesús luego de su pasión y muerte es tan celebrada como la Navidad.

Si bien no hay datos precisos sobre el origen de la fecha del nacimiento, existen una variedad de teorías que refieren al 25 de diciembre como la fecha señalada.

Una de las teorías se origina en el solsticio de invierno de los romanos que celebraban el nacimiento anual del Dios Sol, supuestamente la Iglesia Católica adopta la modalidad en el tercer siglo d. C para permitir la conversión de los pueblos paganos.

El tiempo ha ido pasando y la civilización occidental se ha encargado de quitarle la connotación religiosa y convertirla en una muy importante pero sin dejar de ser una de las más arraigadas al consumismo no solo por el festejo familiar en el que se cocina determinado menú para la cena, según el lugar en el que nos encontremos, sino por su agregado de papá noel y reyes magos con sus bolsas cargadas de regalos.

Desde el punto de vista de la fe, los cristianos celebramos los valores que trae consigo el pesebre,
Ese niño que es el rey del universo, hijo de Dios desde su fragilidad humana, nos trae un mensaje del Padre y nos anuncia Amor y Paz.

Viene a nosotros a través de su madre María, elegida por Dios para el alumbramiento de su hijo. Ella encarna valores de mujer sencilla y fuerte, que acepta su misión y es fiel a sus altísimos compromisos, la responsabilidad ciudadana de cumplir la ley, aunque sea para un empadronamiento abusivo y desde luego la de salvar a Jesús huyendo a Egipto.

Dios viene a vivir su humanidad, para darnos un mensaje de amor puro tanto para reyes y marginados, ricos y pobres, pecadores y libres de pecado, sanos y enfermos. El baja a nuestro nivel para demostrarnos y exigirnos que nos amemos los unos a los otros y amemos al Padre.

Esto es lo que realmente celebramos en navidad, el amor y la paz. Sería bueno que el espirítu navideño no dure solo lo que la fiesta, sino que siga arraigado en nuestros corazones la vida entera y ser bondadosos, amorosos, compasivos y alegres, de esta forma sereiamos fieles a la idea del que nació en Belén un tal Jesús de Nazaret.

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