El Ateneo Grand Splendid, un espacio majestuoso.

El Ateneo es una tradicional cadena de librerías del país, sin embargo su sede en la Av. Santa Fe 1860, en el barrio de Recoleta, es mucho más que una librería comercial. Erigida sobre el antiguo cine-teatro Grand Splendid conserva su antiguo esplendor y elegancia, con una cúpula decorada con frescos, los palcos originales, y el telón tipo griego carmesí. Es un espacio suntuoso donde, tanto el edificio, como los libros y el original café que se ubica en el ex escenario, hacen de él un lugar imperdible y prácticamente mágico. Su historia, mística y arquitectura le valieron el reconocimiento del periódico británico “The Guardian”, y National Geographic, quienes la posicionaron como una de las librerías más hermosas del mundo.

El edificio actual fue encargado por el empresario austro-húngaro Mordechai David Glücksmann, en 1917, una época donde Buenos Aires podía presumir de tener más teatros per cápita que cualquier otro lugar del mundo. Estimuladas por el aluvión de inmigrantes, en esas primeras décadas del siglo XX las compañías podían representar una misma ópera en distintos teatros al mismo tiempo y siempre iba a haber público. Por ello, Glücksmann, conocido como Max, proyectó este cine-teatro en el terreno donde anteriormente se ubicaba el Teatro Nacional Norte. Fue diseñado por los arquitectos Rafael Peró y Manuel Torres Armengol, y construido por los arquitectos Pizoney y Falcope, y su construcción demoró dos años.

Inaugurado en mayo de 1919, con el nombre de “Grand Splendid”, contaba con cuatro filas de palcos y una platea, con una capacidad total de 1.050 personas sentadas. Enseguida se convirtió en uno de los faros de la cultura porteña, y en un lugar de reunión para la clase alta y media, pues las obras que se presentaban eran algo menos ostentosas que las de su par el Teatro Colón.

Cinco años después de su inauguración, Glücksmann lanzó la estación Radio Splendid que funcionaba desde el primer piso del edificio. Sobre la azotea se encontraba una torre de antena inclinada, que desde los alrededores se apreciaba como una imponente grúa. Dentro de sus puertas funcionó la discográfica EMI (llamada en su entonces Sello Nacional Odeón), donde grabaron artistas de la talla de Ignacio Corsini, Roberto Firpo, quien tiene un tango dedicado al Grand Splendid, y el más famoso de todos: Carlos Gardel, quien hizo allí su debut de radio y grabó algunos de sus exitosos tangos. La radio funcionó allí durante siete años, abandonando las instalaciones del teatro en 1930 y trasladando sus operaciones a Ayacucho 1556.

Sin embargo, en los últimos años de la década del ’20, el Grand Splendid se convirtió en una sala de cine y es con ello que se hace popular. En 1929, exhibió la primera película sonora que llegó al país, “The Divine Lady”, con Corinne Griffith. Mostrándole a los porteños cuál era el futuro del entretenimiento y manifestando al edificio como un centro de cambiantes y múltiples actividades.

Así, el Cine Teatro Grand Splendid se posicionó como una de las salas más importantes de la ciudad. Junto al Cine Capitol (edificio proyectado por Alejandro Virasoro), ubicado en la misma cuadra, y el Cine América, constituyeron un polo de atracción cinematográfica, con el mayor auge en los años 40.

Con el correr de los años, los espacios fueron entrando en decadencia y desapareciendo. De los tres edificios mencionados, el Grand Splendid es el único que se mantuvo activo. El teatro dejó de funcionar apenas terminó la década del 80, y los años siguientes funcionó como cine, pero la programación terminó en 1999.

Mientras el lugar estaba cerrado, se discutió si se convertía en un garaje o en una sede de una iglesia evangélica. Nada de eso ocurrió. El Grupo ILHSA, de capitales nacionales y propietario de la cadena Yenny, de la editorial El Ateneo, del sitio web Tematika y la revista Quid, vio el enorme potencial de esta sala y decidió rentar el edificio del Teatro Grand Splendid con la idea de restaurarlo y abrir allí su tienda más importante.

Las obras de remodelación y recuperación estuvieron a cargo del arquitecto Fernando Manzone y requirieron una inversión de 3 millones de dólares en el año 2000. Manzone tardó solo dos meses en preparar todo el proyecto de remodelación. Después siguieron otros seis meses de obra y para fines de aquel año la librería ya estaba lista.

El proyecto consistió en devolverle a los ornamentos su brillo original, conservar los detalles arquitectónicos, y modificaron mínimamente las distintas áreas, acondicionándolas a su nueva función comercial.

Se mantuvo la fachada de composición clásica, y la distribución de los espacios del teatro, como los accesos, la sala de proyección, los camarines y los palcos. Además, se mantuvieron todas las molduras que ornamentan la boca del escenario, los parapetos de los palcos y, muy especialmente, las que enmarcan el sector central del cielorraso, donde un conjunto de pinturas al óleo realza la majestuosidad espacial de esta cúpula de veinte metros de diámetro. La obra fue realizada por el artista italiano Nazareno Orlandi y consiste en una alegoría acerca del final de la Primera Guerra Mundial.

Por otro lado, el escenario se convirtió en un café, las cuatro hileras de palcos actualmente alojan estanterías con libros, y se amplió el subsuelo,lo cual requirió de tareas de excavación.

Así se logró una librería única que cumple su función pero también conserva la elegancia y el porte del pasado. No solo eso, sino que es de las más grandes de Sudamérica, con 2000 metros cuadrados, más de 200 mil libros, 10 mil películas y 25 mil discos repartidos en 4 pisos. En el subsuelo hay libros infantiles, discos y películas, y los depósitos donde antes estaban las bambalinas, la sala técnica y la enfermería. En la planta baja hay miles de libros de ficción y no ficción. En el primer piso, funcionan los palcos que hacen de sala de lectura y, además, los pasillos guardan libros técnicos y profesionales. Finalmente, en el último piso está el sector dedicado a la música clásica y a las muestras y exposiciones. Donde se venden los libros de bolsillo se hallaban las ventanillas para la venta de entradas.

Si bien ya nadie se sube al escenario a performar, o nadie va a mirar una película, muchos artistas, escritores y escritoras, nacionales e internacionales, pasaron por la librería a dejar la huella de sus obras. Charly García, Chayanne, Ricardo Montaner, Quino, Arturo Pérez Reverte y Claudia Piñeiro, varios presidentes como Emmanuel Macron (Francia), Giuseppe Conte (Italia) y Recep Tayyid Erdogan (Turquía); entre otras personalidades.

Buenos Aires es una ciudad en la que abundan las buenas librerías. Pero sin dudas el Ateneo Grand Splendid es de las mejores, no solo por ser un lugar donde las posibilidades de interacción con la cultura son casi infinitas, sino por estar instalada en un edificio de alto valor patrimonial arquitectónico. No es casualidad que en 2008, fue elegida por el periódico británico The Guardian como la segunda librería más hermosa del mundo, y en 2019 fue calificada como la librería comercial más bella del mundo por National Geographic .

La entrada es gratuita y para visitarla no hay compromiso de compra, así que no hay excusas para no conocer este ícono de la cultura e historia argentina.
Txt: Lola S.


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