Cortázar y su herencia en la literatura de autores donde se revela lo extraordinario

Cortázar y su herencia en la literatura de autores donde se revela lo extraordinario
“Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas”, declaró alguna vez Julio Cortázar, quien con su novela “Rayuela” transgredió el orden tradicional de una historia, y con sus relatos se convirtió en maestro del cuento y la prosa poética trascendiendo como uno de los escritores más importantes de la literatura latinoamericana que a 40 años de su partida continúa seduciendo a jóvenes autores, cuyas obras retoman la idea de una cotidianidad que se enrarece con la irrupción de lo extraordinario.

Cultor de obras en las que irrumpe lo inesperado y lo sobrenatural en el mundo real, su literatura lo llevó a formar parte del Boom latinoamericano, un movimiento que entre 1960 y 1970 integraron autores como Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, José Lezama Lima y Guillermo Cabrera Infante, entre otros, que lograron expandir el éxito de sus creaciones a Europa y al resto del mundo.

Desde la mirada de autores como Luciano Lamberti, Sergio Olguín y Santiago Craig la obra del autor de “Casa tomada” y “Bestiario” se redimensiona desde la marca personal que Cortázar dejó en la literatura argentina, impactando especialmente sobre escritores en cuya obra irrumpe “lo nuevo, lo distinto, lo inesperado”, según sintetiza Olguín.

“Su eclecticismo creo que es la mejor herencia: la idea de que todo es posible en la literatura. No es necesario encerrarse en un género, las intenciones de un escritor pueden ser múltiples y contradictorias. Y así era la obra de Cortázar”, afirma a Télam el autor de “La fragilidad de los cuerpos” y “Las extranjeras”.

“La literatura argentina del siglo XX está atravesada por su obra. Géneros como el fantástico, la novela experimental, la ficción y la no ficción política, en nuestro país no pueden valorarse sin considerar los libros de Cortázar. Fue un autor cosmopolita, por las historias que contaba, pero también porque su universo ficcional se vincula directamente con las tradiciones literarias europeas. Algo muy argentino, si se piensa también en otros escritores como Borges, Bioy o Puig”, evalúa Olguín.

Nacido en Bruselas (Bélgica), el 26 de agosto de 1914, casi por accidente, debido a la actividad de diplomático de su padre, Cortázar vivió luego un tiempo en Barcelona hasta que junto a su familia regresó a Buenos Aires. Realizó estudios de Letras y de Magisterio y trabajó como docente en Bolívar, Chivilcoy y Mendoza, hasta que en 1951 decidió viajar a París, donde residió hasta su muerte, en 1984.

Su primera colección de poemas, “Presencia”, apareció en 1938 bajo el seudónimo de Julio Denis. En 1946 publicó el cuento “Casa tomada” en la revista Los anales de Buenos Aires, que dirigía Jorge Luis Borges. Después llegaría el primer libro publicado con su verdadero nombre, el poema dramático Los reyes (1949), los cuentos de Bestiario (1951), los relatos de Las armas secretas (1959), que incluye “El perseguidor” –suerte de “pequeña Rayuela”, como lo definió–; las novelas Los premios (1960) y Rayuela (1963), un punto de inflexión y de referencia para las generaciones más jóvenes, una especie de descomunal revolución formal.

Luciano Lamberti, uno de los exponentes de la literatura de terror argentina contemporánea, revela cómo fue el sorprendente acercamiento con la obra del autor: “Cortázar fue uno de los primeros escritores que me asustó de verdad. ‘Cartas de mamá’, ‘La puerta condenada’, ‘Casa tomada’ son cuentos de terror, prácticamente. Pero además son cuentos esféricos, perfectos, que todavía me llevan a preguntarme cómo están hechos”, dice.

“Yo empecé escribiendo una especie de realismo fisurado, pero creo que toda literatura fantástica tiene un gran componente realista, que sirve como contrapeso. Creo que lo fantástico es lo propio de la literatura, las posibilidades del lenguaje que no tiene la realidad. Además por su poder de simbolización, que habla de lo que nos pasa de un modo más certero que la simple descripción de lo que nos pasa”, señala el autor de “La maestra rural”, “La masacre de Kruguer”, al hablar de la elección de lo fantástico en su literatura.

Para Santiago Craig, el contacto con el autor de “Los premios” lo llevó “a no diferenciar el realismo de la fantasía o de lo fantástico”. “Yo leía a Cortázar siempre desde la literalidad, no desde el simbolismo o la metáfora. Lo que pasaba en esos cuentos, en ese mundo que Cortázar me ofrecía era una de las formas posibles de la verdad y de lo cierto. Cortázar formó mi modo de ver la realidad y de escribir también. Lo que escribo, lo que leo, lo que vivo siempre pasa. Por más extraño y fantástico que sea. Cortázar me puso alerta, por suerte, me dejó saber: el mundo es raro”.

Acerca de la influencia que tuvo en la literatura argentina, Craig coincide con Lamberti en que fue fundamental la creación de nuevos lectores. “Cortázar para varias generaciones fue y sigue siendo una máquina de crear lectores. No solamente por ser un autor que aparece muchas veces en esas primeras lecturas, también porque lo que trae es una puerta, un puente, un empujón a un lugar al que nuestra cabeza no puede ir sola ni los libros pueden ser sin nosotros”.

“Cortázar es, creo yo, para la literatura argentina -que no son los que escriben nada más, son los que escriben y los que leen- un escritor que armó en su obra un lugar compartido que, quienes lo leemos, asumimos que, además de suyo, es nuestro. En contraste con otros referentes de la literatura nacional, me parece que a él le tocó eso: invitar a jugar, ponernos a andar las cabezas. ¿O no fue él el que hizo un libro que nos dejó ordenar y terminar a nosotros como quisiéramos?”, dice el autor del libro de cuentos “Animales” y “Castillos”.

En tren de influencias, Lamberti considera que, como él dice, “algunos de sus yeites fueron retomados por algunos escritores del género: hay algo suyo en Tomás Downey, en Mariana Enriquez, en Yanina Rosenberg”, pero redobla la apuesta y dice: “la influencia es todavía más profunda. Cortázar es un escritor que todos leemos en el paso de la infancia a la adolescencia, un escritor de pasaje, y en ese sentido es crucial, porque tiene que ver más con el poder de la literatura y la imaginación”.