Anoche el Hipódromo de Palermo latió con la mejor música del británico Sting.

El ex líder de The Police, se presentó ante miles de fanáticos que llegaron a disfrutar de “57th & 9th Tour”, en donde ofreció un show que combinó sus grandes clásicos con algunos temas de su nuevo disco de estudio, y en donde el ex Police puso en escena todas las facetas musicales que se le conocen.

En este sentido, dentro del estilo pulcro que lo caracteriza, especialmente en los últimos años, Sting tuvo arranques rockeros, sobre todo en varios clásicos de The Police; pasajes en donde apareció su famoso “reggae para blancos”; flirteos con el jazz; guiños a la canción francesa y hasta algún atisbo de música étnica.

En este sentido, el repertorio intercaló inoxidables del popular trío que integró junto al baterista Stewart Copeland y el guitarrista Andy Summers; como “Roxanne”, “Every breath you take”, “Message in a bottle”, “Walking on the moon”, “Spirits in the material World”, “So Lonely”, “Next to you” y “Synchronicity II”; con grandes éxitos de su etapa solista como “Englishman in New York”, “Shape of my heart”, “Fields of Gold” y “Fragile”, entre otras.

En poco más de una hora y media de show, con un sonido impecable, el músico inglés brindó pulidas interpretaciones, tanto a nivel vocal como en el bajo, instrumento que ejecutó a lo largo de todo el show, en un rol en donde brilla de manera particular.

Sting estuvo acompañado por una banda que, por momentos, se asemeja a una versión pulcra de The Police, con ya veterano Dominique Miller, el guitarrista argentino al que Sting presentó como “el porteño”, su hijo Rufus Miller también en guitarra, y el experimentado baterista Josh Freese.

“Buenas noches, querido público de argentina. Estoy muy feliz de estar en Buenos Aires una vez más”, saludó, con un esforzado español, Sting, un asiduo visitante al país, desde su primera vez con la popular banda en 1981 y su recordado debut solista en 1987, en el Estadio de River Plate.

Para la altura del saludo, ya había pasado el arranque a todo Police, con “Synchronicity II” y “Spirit in the material World”; “Englishman in New York”, con Dominique Miller haciendo fraseos similares a los originales dibujados por el saxo de Branford Marsalis y “I can´t stop thinking about you”.

A continuación, Sting regaló momentos de baile como con el aire a rockabilly de “She´s too good for me”; delicadas piezas como las bellas “Shape of my Heart” y “Fields of gold”, dos de los momentos más refinados de la noche; roces con la “World music” como con “Desert rose” y pasajes jazzeros, tal como ocurrió en el middle entre “Roxanne” y “Ain´t no sunshine”.

Para los bises, primero fue todo baile con la rockera “Next to you” para que luego el espíritu ochentoso dijera presente de la mano de la coreada “Every breath you take”.

La insistencia del público trajo de nuevo a Sting al escenario, quien decidió jugar su carta más emotiva con “Fragile”, una canción muy especial para América latina, que tuvo al protagonista de la noche por única vez en el rol de guitarrista.

De esta manera, el músico inglés volvió a hacer gala sobre el escenario de su buen gusto y sus variados recursos, a partir de las distintas etapas que encaró a lo largo de su carrera.

Antes, el argentino Lisandro Aristimuño había abierto el fuego con un set intimista, acompañado solo por su guitarra; para luego dejar paso a Joe Sumner, quien con un tono de voz y un porte similar al de su padre, entonó algunas interesantes composiciones, sobre todo por lo arriesgado de sus armonías y estructuras.